Sevilla lo acogió como hijo y el Sevilla se lo devuelve mediante éxitos, alegrías y esperanza.


El Sevilla sueña y hace soñar al sevillista, al sevillano, creando así un binomio perfecto. Sevilla no sería igual con el Sevilla FC y el Sevilla FC no existiría sin Sevilla. El grande, no de Andalucía, sino de ese Sur de Europa abandonado, va a juego con la idiosincrasia del sevillano medio; pasional, aguerrido y humilde, siempre sabiendo de donde viene y que valores le han hecho estar en lo más alto de la cúspide del fútbol español y sentado en la misma mesa de los grandes de Europa, aquellos que se hacen llamar Bayern de Múnich, Liverpool, Barcelona.... todos del norte, que casualidad.

Hace un par de dias se conmemoraba el octavo siglo de oro de la Torre del Oro, torreón defensivo de origen árabe que durante durante la cálida noche del 21 de Agosto de 2020, tras coronarse por todo lo alto por Europa, otra vez, el Sevilla FC, se proyectó un mapping de Navas que hacía reflejar quien es el que defiende a la ciudad a la vez que la lleva en volandas por todo el viejo continente europeo.

Fuente: Sevilla FC
Fuente: Sevilla FC




Es más, ya Lope de Vega predicaba en los siglos de oro de la literatura española que "desde el rio Guadalquivir, rompiendo el agua a la torre del oro, llegan barcos de plata". Plata que recoge y entrega el Sevilla a su ciudad como obsequio de acogerlo como hijo y mimarlo.

La vacuna rojiblanca

Aunque ahora estemos en tiempos difíciles y la pandemia se haya llevado la feria de Abril y la Semana Santa por delante, el Sevilla FC es la vacuna, no para los sevillistas, sino para los sevillanos, por como la ciudad se engalana todos los domingo después de almorzar notándose la esencia de los nervios y el engorilamiento típico, como cuando estas esperando al palio y el sonido de bambalinas de cualquier virgen en cualquier rincón minucioso de la ciudad o cuando te toca mediar con el segurata de una caseta que no es tuya.

El futbol y la vida, la vida y el futbol, dos sinónimos ligados entre sí que lleva dentro un anhelo de confianza y paciencia, para poder salir de esta pandemia, como si de un gol al virus se tratase, como si de una dosis de AstraZeneca se tratara. No obstante, el Ramón Sánchez Pizjúan será centro de vacunación de Covid-19. Algo que le hace aún más grande y que hace promover su lema, el Dicen que Nunca se Rinde, que se hace aún más grande en tiempos difíciles, como por ejemplo aquel 2 de agosto de 1995, cuando más de 30.000 sevillistas se lanzaron a la calle para defender la permanencia de su medio cachito de corazón en la primera división española. 

Cierto es que si le destinan a ponerse la vacuna al Ramón Sánchez Pizjuán, significará la vuelta a su segunda casa, la bombonera de nervión.

La doctrina sevillana

Tal es la magnitud que el escudo del Sevilla ya se puede ver en míticas plazas, como la plaza de los Terceros, valga la redundancia, en la Calle Sol, recordando la otra mítica canción que ya todos sabemos y buenos recuerdos nos trae; Sale el sol por la mañana.....

Fuente: Sevilla FC

Y que hablar de las entrañas del escudo. A la izquierda los tres patronos de la ciudad, San Isidoro, San Fernando y San Leandro y a su derecha, las siglas SFC del diseño del escudo que fue oficial entre 1905 a 1922. Mientras que abajo se aprecian once barras verticales, cinco rojas y seis blancas, que se encuentran inspiradas en la bandera que portó Fernando III, "El Santo", en la conquista de Sevilla y expulsión de los musulmanes en 1248.

Todo esto hacen del Sevilla una religión sevillana donde la virgen de los Reyes es la máxima admiración y detrás tiene a cientos y miles de peregrinos, que antes de la pandemia, se citaban todos los dias de partido para realizar la estación de penitencia a lo largo de toda la avenida de Luis de Morales mientras entonaban su primer mandamiento, el Amarás Siempre a tus colores, para acabar en la catedral del fútbol sevillano.

Ahora eso es impensable, pero desde sus casas, estés a 5 kilómetros o a 100, cada uno, predica y recita su réquiem habitual antes de los partidos, como lo hacía en la carrera oficial hacía la bombonera en la tan ansiada, nombrada y esperada normalidad.