AUTOR: José Rodríguez

Los más de cinco años que deja atrás el Papu Gómez en Bérgamo no se van a olvidar de un día para otro en la ciudad, en el club y en su gente

FOTO: Sevilla Fútbol Club

El Covid-19 solo va a conseguir un aplazamiento de un adiós muy sentido a uno de los mejores jugadores de la historia de la Atalanta porque esa cita entre afición y jugador está pendiente, pero que nadie dude de que se va a producir.

Todos pensábamos que el Papu Gómez, la Atalanta y su gente iban a estar unidos toda la vida. El futbolista le decía a ‘El País’ hace menos de un año: “Soy feliz en Bérgamo -dando lugar a que iba a seguir unos años más- pero tengo claro que voy a vivir aquí cuando me retire”. ¿Pero cómo un futbolista ha podido hacer sentir tan identificado a un público con el equipo? Por todo lo que les ha hecho vibrar.

Uno de los recuerdos más impresionantes que siempre quedarán en la retina de la historia de la Atalanta es aquella Europa League de la temporada 2017/18. Un equipo desconocido a los ojos de Europa se plantaba primero de grupo ante el Olympique de Lyon de Mariano Díaz, Memphis Depay y compañía, y vibraba con un futbolista de banda que dirigía al equipo y que hacía un baile que se hizo mundial.

Aparte del foco que consiguió el club con su canción, el ‘Baila como el Papu’, el argentino se volvía imparable en la banda izquierda, buscaba el uno contra uno contra su marca y generaba muchísimo fútbol con los Ilicic y compañía. De hecho, solo un gol de Schmelzer en los últimos minutos consiguió tirar aquellos sueños que tenía la afición bergamasca en la competición precisamente del Sevilla.

El Papu Gómez ese verano se encontraría ante una de sus mayores transformaciones de su carrera y que sin la cual no le podríamos entender a día de hoy. Se marchó Cristante a la Roma por más de 25 millones de euros y él cogería las riendas del equipo al volante. Se colocó como mediapunta, cogiendo el sitio del italiano y dirigió al club de una séptima posición a una tercera en liga y los dejó a diez minutos de unas semifinales de la Champions League, o más bien a un gol de Choupo-Mouting y a otro de Marquinhos de rozar la gloria.

De los creadores de la transformación de Messi, Neymar o Insigne, llegó la transformación de un Papu Gómez que quiso llevar la influencia como extremo al centro. Baja a recibir casi al lado de sus centrales, se quita a su marca en conducción o con un regate, busca una pared y verticaliza o descarga a los costados con su gran pase largo. Eso es lo que era el argentino en la Atalanta, una especie de ‘Messi de los pobres’ que era un atajo en la circulación del balón y que daba ese toque de calidad que pocos jugadores poseen en el mundo.

Por eso el Sevilla se ha llevado un trozo del Calcio, uno de esos jugadores que enamoraban a los amantes de la liga y que tanto va a dar en Nervión. Porque la Serie A ya no ‘baila como el Papu’ y porque Monchi ha sabido aprovechar una oportunidad de mercado que se rifaban los grandes de Italia pero que la Atalanta prohibió porque reforzar a un rival directo era lo último que querían.