La eclosión de Suso, pese a haber sido lenta, se encuentra en plena fase de algidez futbolística que se traduce en su importancia en el terreno de juego.

Desde Rosario hasta Cádiz hay 9564 KM donde dos jugadores, Éver Banega y Suso, están ligando a lo que sus pies con la pelota imparten en cada terreno de juego que pisan.

Los dos son un completo metrónomo los cuales paran durante milésimas de segundo el tiempo, viendo espacios franqueables y pases inimaginables que en la realidad contextual nadie puede llegar a creer. Pocos tienen esa capacidad y en el Sevilla, desde que el mago de la albiceleste se marchara a tierras de oriente, el que ha tomado relevo de esas manecillas del metrónomo ha sido Suso.
Suso es un jugador con un manejo de balón exquisito con su zurda de esmeralda. Su técnica y visión de juego le permiten gestionar el juego del equipo desde la banda por la cual el Sevilla crea más peligro desde hace varias temporadas, la derecha. 

Su continua movilidad y ofrecimientos tanto al interior como en la misma linea de cal abren espacios al resto de sus compañeros, además de liberarle a él mismo de las marcas de los rivales.

No obstante, el atacante es un absoluto orfebre gaditano que pule cada balón que toca  y que como las bambalinas de las vírgenes en Semana Santa se mueve por el campo distribuyendo, normalmente al primer toque y siendo muy resolutivo en los metros finales, teniendo una gran facilidad para filtrar pases con profundidad al interior del área o buscar el tiro cruzado tras trazar una diagonal hacía adentro partiendo desde la derecha.

El zaguero español tiene un gran repertorio de recursos pero en el que más destacar y el que más ejecuta cada partido son las fintas y giros rápidos con la cadera, tanto para un lado como para otro, bailando constantemente. No en vano, sus controles orientales son pura marca de la casa y que en más de una ocasión gracias a ellos ha significado medio gol para el equipo.

Además, el jugador es fundamental a la hora de la salida de balón, asociándose constantemente con los pivotes Joan Jordán y Fernando para desatacar la presión alta con movimientos interiores indescifrables para los mediocampistas y a partir de ahí, ejecutar una jugada de ataque rápida y vertical. 

Su punto de partida es la banda derecha, aunque tiene total libertad de movimiento en ataque para situarse en la mejor posición para ayudar al equipo, tanto más atrás para contribuir en la salida y conducción de balón como más adelante para encarar por la banda, buscar el centro o tiro desde esta o esperar a que su compañero de banda, Jesús Navas, le doble por dentro y le ponga un pase en bandeja para que este busque la cabeza o el remate de los En-nesyri, Ocampos, De Jong dentro del área. 
Está mas que claro que el andaluz no puede estar atado a una posición fija en el terreno de juego, necesita el balón y el balón le necesita a él, siendo un péndulo y una pieza muy determinante, al igual que Ocampos, en las transiciones ofensivas del cuadro hispalense

Cierto es que, en su llegada, le costó arrancar por el bajo nivel físico que traía de la liga italiana, eso, sumado al escepticismo que contrajo los 20 millones de euros que se pagaron por el hicieron retrasar su eclosión en la capital andaluza. Ahora, las tornas han cambiado y ya va cogiendo tintes argentino de calidad, ese gambeteo clásico que otro crack de la plantilla, el Papu, cuenta con él, pero eso sí, sin como Ever Maximiliano Banega ninguno.