El Sevilla mostró una versión valiente y atrevida frente a un Borussia Dortmund que acabó pidiendo la hora para pasar a cuartos.

Morir matando, eso pedía el sevilismo a sus jugadores, y eso hicieron. El equipo de Lopetegui murió con las botas puestas y dando la cara ante un Borussia Dortmund que acabó pidiendo el final del partido tras el acoso del equipo nervionense.

La actitud del equipo no era la de un equipo que viene de tres derrotas consecutivas, con eliminación de copa incluida, ha sido la de un equipo ganador, valiente, sin miedo al escenario. La estrategia de Lopetegui ha sido atrevida, en busca del gol, pero sin tener ocasiones.

La entrada de Oscar ha sido una apuesta del técnico que, a mi parecer, ha sido buena. El centrocampista madrileño ha demostrado al técnico que merece muchos más minutos de los que tiene ahora mismo. Al igual que el Papu Gómez, que hoy ha jugado en donde a él le gusta, de fuera hacia dentro, y el jugador argentino ha tirado del equipo desde que entró.

Bono también ha sido clave para mantener vivo al equipo en la eliminatoria, sobre todo con una parada descomunal a Dahoud. En general, no se le puede reprochar nada al equipo de Lopetegui, lo dejó todo en el campo y mereció pasar.

Çakir, colegiado del partido, no quedó exento de polémica. El árbitro turco estrenó el boletín de polémicas con un penalti no pitado por mano de Dahoud al final de la primera parte, muy discutible su decisión. Pero lo más discutible llegaría en la segunda mitad, cuando anula un gol a Haaland por una clara falta sobre Fernando y en su lugar pita un penalti ocurrido cinco minutos antes; después repetiría el penalti parado por Bono porque este se adelanta, a mi parecer es la decisión medianamente correcta que toma. Al final, tampoco revisa un posible penalti de Zagadou sobre Munir, penalti que podría haber supuesto el 2-3. Lo que más me sorprende es el buen rollo que tenía con los jugadores del equipo alemán, que contrarresta con una actitud seria frente a los jugadores del equipo hispalense. Amonestó a tan solo tres jugadores del equipo amarillo por seis del equipo andaluz, para hacérselo mirar.

Pero bueno, hoy no es día de excusas, ningún achaque hoy para el equipo de Lopetegui que lo ha dejado todo en el campo. La eliminación duele obviamente, pero la afición necesitaba ver ese gen competitivo que el equipo que había perdido y, así, recuperar la ilusión en un grupo de jugadores que no han dicho su última esta temporada. El Sevilla ha caído, pero lo ha hecho peleando. Morir matando.