Al Sevilla le quedan tan solo dos partidos para poder vivir otra final, eso sí, en  frente tendrán a un Barcelona pletórico. 

En nuestra vida cotidiana vivimos de los recuerdos para poder afrontar mejor el futuro, y el fútbol, se asemeja a eso, para no variar. Aquel 21 de abril de 2018, la final de la Copa del Rey ante el FC Barcelona dejaría una pullita al Sevilla que conquistó el teatro de los sueños con un Ben Yedder pletórico, al Sevilla que seguía haciéndose hueco por Europa plantándole cara a todo un gigante alemán y mundial como es el Bayern de Múnich. Aquel Sevilla pudo poner la guinda al pastel pero el Barcelona de Iniesta, en su retirada y la "dupla doble L", Luis Suarez y Leo Messi, lo sentenciaron por completo.
Un fiel servidor estuvo allí, presenciando una de las muchas finales que el grande del Sur de Europa ha podido disputar a lo largo de este siglo XXI. Esa fue mi primera final de Copa a la que fui, con mi padre, que como hizo mi abuelo con el mismome inculcó desde pequeño el sevillismo en cuna y los valores que este transmite.

Ahora, 3 años después, y en plena pandemia mundial, la situación ha cambiado por completo. Aquel Barcelona de Messi e Iniesta no es lo que era y aquel Sevilla de Montella ha vivido un cambio radical desde la llegada de Monchi hace dos verano, lo de después, ya lo conocemos de sobra.... 

Ahora, la balanza se ha estabilizado para ambos equipos, ambos tienen diferentes formas de jugar y  esperan con ansias un final en el Estadio Olímpico de la Cartuja. Quién nos iba a decir que el Sevilla estuviera a dos partidos de vivir otra final y encima, en su ciudad, la que va llevando en volandas por toda Europa desde aquel jueves de Feria.

 Koeman, un súbdito de Johan Cruyff 

Desde su llegada a la entidad azulgrana el ex jugador del Barcelona aseguraba que iba a implantar el mismo sistema que ya venía utilizando cuando era el seleccionador de los Paises Bajos. Nada más llegó, le era fiel al 4-2-3-1 con variantes al 4-3-3 incluso al 3-5-2, pero la irregularidad y las lesiones que han arrastrado muchas de las piezas clave del Barcelona han hecho que le técnico holandés, desde comienzos de año se haya pasado al 4-1-4-1. 
En la retaguardia los de siempre, dos laterales constantemente subiendo y bajando para así crear superioridades en la banda y poder doblegar a los extremos, véase la Sociedad Limitada Messi-Jordi Alba que tanto "quebraderos financieros" de cabeza ocasionan a las defensas rivales. En la sala de maquinas, por delante de los defensas se situaría Busquets, una de las vacas sagradas del vestuario, para ayudar a la salida de balón e incluso a incrustarse entre los centrales en el caso de que el equipo rival juegue en bloque alto, es decir, una presión alta.

Por delante del todoterreno de Terrasa se situarían dos interiores y dos extremos, normalmente Pedri y De Jong de interiores, con mucha libertad arriba en ataque pero eso sí, teniendo que participar en tareas defensivas. Y en los extremos Ousmane Dembélé y Antoine Griezmann, para añadir el descaro, velocidad y diagonales hacía para buscar el disparo lejano al poster más alejado
Y, como no, por delante, un Leo Messi con total libertad arriba, aunque constantemente bajando al medio centro para darle fluidez al juego y poder asociarse con Dembelé y Griezmann por las bandas. Con esto parece que el técnico neerlandés ha dado con la tecla perfecta para configurar un esquema defensivamente correcto y ofensivamente muy peligroso.

La octava maravilla sevillana

Los pupilos de Julen Lopetegui son completamente un martillo pilón tanto arriba como abajo, siendo completamente una muralla defensiva. Por lo que, para plantarle cara al FC Barcelona tendrán que jugar como estos últimos días. La calidad individual, en la mayoría de jugadores, la tiene el FC Barcelona, pero la calidad grupal la tiene claramente el Sevilla FC. Cierto es, que uno de sus engranajes arriba, estará de baja al menos un mes, Lucas Ocampos, pero Papu Gomez ha empezado a bailar acompañado de Jules Koundé con el saxofón y En-Nesyri con el Gimbri.